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El primero de estos bancos apareció en Connecticut en 2011 con el objetivo de estimular la inversión en pequeña y mediana escala en tecnologías limpias. Ahora se sumó Nueva York y varios otros estados estudian la manera de crear estas entidades de este tipo. En Reino Unido desde 2012 existe uno de nivel nacional y ya se habla de un green bank internacional

A comienzos de febrero se desarrolló en Estados Unidos la primera Academia de Bancos Verdes. Un encuentro de dos días que se propuso no sólo contar la experiencia y resultados del primer banco verde en ese país, creado en Connecticut en 2011, sino buscar la manera de sumar a otros estados en la generación de entidades financieras que con recursos públicos, generen programas que estimulen a privados a cambiarse a energías limpias a nivel residencial o de empresas.

El encuentro hizo evidente que la tendencia ya se instaló y tendrá un crecimiento acelerado en los próximos años. De hecho, en 2014 parte el Green Bank de Nueva York, que parte con mil millones de dólares para financiar este tipo de iniciativas. Vermont y Hawai también ya implementaron los suyos y ahora quieren sumarse California, Illinois, Kentucky, Maryland, Massachusetts, Minnesota, New Hampshire y Washington.

De acuerdo al sitio www.greenbankacademy.com, los funcionarios de finanzas de todo EEUU pudieron aprender y discutir sobre el establecimiento y la coordinación de los “bancos verdes en cada estado y salieron de la academia con soluciones necesarias para construir estos bancos en sus estados con los principios comunes para la coordinación y normalización”.

Un banco verde según la definición de la academia es una organización prestamista sin fines de lucro patrocinada por el Estado, para proporcionar apoyo de largo plazo con financiamiento de bajo costo. Su propósito es aumentar la inversión pública y privada en energía limpia, mientras que ofrece a los consumidores soluciones más baratas.

La Clean Energy Finance and Investment Authority (CFIA) fue la primera entidad de este tipo y es del estado de Connecticut. Este banco tiene, por ejemplo, un programa para que los sistemas de generación solar fotovoltaica sean “más accesibles que nunca para los residentes de Connecticut”, dice la web del banco. Y agrega: “usted puede hacer una inversión inteligente y ahorrar dinero en su cuenta de la luz, y agregar una probada y confiable tecnología no contaminante en su casa”.

Otros proyectos que esta institución financia son de carácter más industrial, como biodigestores anaeróbicos (para granjas) o bien, transformaciones a energías limpias de compañías de mediano tamaño.

La idea es que este modelo se extienda para impulsar la inversión privada y ayudar a estandarizar las prácticas de financiamiento de energía limpia y reducir el precio de esta energía para los consumidores.

Los préstamos finalmente se proponen avanzar en “los objetivos nacionales para lograr una mayor independencia energética, detener el cambio climático, reducir los costos de la entrega de energía limpia a los consumidores y estimular la creación de empleo”, explica el representante demócrata de Maryland, Chris Van Hollen al sitio www.greenbiz.com.

El mismo sitio da cuenta de que el presidente Barack Obama apoya la generación de un banco verde nacional, pero no ha conseguido ese objetivo.

En eso el Reino Unido lleva la delantera, con un banco verde que comenzó a funcionar el año 2012. El UK Green Investment Bank (GIB) surgió en 2012 como una empresa pública y llegó a estar completamente operativa en octubre de 2012.

En su web el GIB se define como “un banco único. Es el primero de su tipo en el mundo, con un 3,8 millones de libras en fondos del gobierno del Reino Unido para invertir en proyectos sostenibles. Es diferente de otros bancos ya que se centra exclusivamente en los sectores que no son fáciles de invertir. El GIB no acepta depósitos, ni ofrece préstamos en el momento”.

El rol de este banco es ser un catalizador y atraer capital privado hacia sectores prioritarios y su objetivo es acelerar el proceso para que esos sectores lleguen a ser “mainstream” y dejen de necesitar este tipo de ayuda.

La misión fundamental del GIB es “acelerar la transición del Reino Unido a una economía verde y crear una institución sólida que opere de manera completamente independiente del gobierno”.

Volviendo al caso de Estados Unidos, Mark Muro, uno de los anfitriones de la Academia, comentó que “existen grandes brechas financieras en casi todos los mercados de energía limpia. De hecho todo el desarrollo de la implementación del modelo está basado en la última década en subvenciones que están bajo amenaza generalizada de ataque y que han sido ya severamente reducidas”.

“La idea es traer realmente un nuevo enfoque a la energía que no hace hincapié en tratar de elegir un ganador, sino que da al mercado, a la familia promedio y al negocio promedio, la posibilidad de elegir desde sus propias necesidades y luego tratar de aprovechar las presiones competitivas del mercado para reducir los costos de energía”, declaró al sitio E&E, Daniel Esty, comisionado del Departamento de Energía y Protección Ambiental de Connecticut, que ayudó a desarrollar el banco verde de ese estado.

El año pasado, el banco verde de Connecticut financió 1.160 proyectos y atrajo a más de US$ 180 millones en capital privado, lo que significa 26,7 megavatios de nueva energía limpia.

¿Qué viene en el futuro? Reed Hundt, CEO de Coalition for Green Capital, publicó un E-book que ofrece recomendaciones de políticas que ayudarán a Estados Unidos a dejar atrás las fuentes sucias, duramente reguladas, para acercarse a una plataforma de generación limpia. Su libro “Zero Hour” sugiere apoyar los bancos verdes estatales y recomienda la creación de un banco verde internacional dirigido por China y Estados Unidos, para proveer capital de bajo costo para energía limpia al mundo en desarrollo.

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