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Hoy se festeja en todo el mundo el día mundial de la Eficiencia Energética. En esta materia Chile se puso una meta más que ambiciosa: reducir en 12% la energía consumida a 2020. ¿Será posible?

En la Estrategia Nacional de Energía (ENE) del Presidente Sebastián Piñera, se decidió poner como primer pilar a la eficiencia energética. La decisión no fue azarosa: Para el gobierno que ya finaliza, la idea era intentar dejar una huella en su gestión. En vez de asociarla a la construcción de centrales hidro o termoeléctricas, que han sido resistidas por parte importante de la población, se asociaría con un concepto ligado a la productividad y al ahorro.

Lo positivo para la administración es que casi con seguridad, este fue el único punto de esa agenda eléctrica en el que hubo y hay pleno consenso. Tanto en la industria -que ve en estas prácticas un importante ahorro de costos- como a nivel de gobierno y hasta los ambientalistas se ha alentado a potenciar el rol de la eficiencia energética en la economía chilena.

Precisamente, esta coincidencia público-privada se vio reflejada en una serie de acuerdos específicos, en áreas tan diversas como la minería, la industria, el transporte y hasta el retail.

¿De dónde nace este interés? La urgencia de ahorrar energía tiene un antecedente importante: previo a la crisis del gas argentino, que hizo que el costo de la energía se disparara, prácticamente no había cultura del ahorro. El consumo final de energía entre los años 1991 y 2011 aumentó un 122%, aumentando en línea con la expansión de la economía.

“Si Chile quiere alcanzar el desarrollo en las próximas décadas, lo que conlleva un crecimiento económico sostenido, requerirá de mayor energía para materializarlo. Por lo tanto, se debe hacer frente a esta realidad con un suministro de energía seguro y confiable para los siguientes años”, planteó el gobierno en la ENE.

¿La meta? “Una de las tareas de futuro es lograr un desacople entre ambas variables, lo que implicaría ganar competitividad en un contexto en que las fuentes de energía económicas serán cada vez más escasas”, se añade en el documento.

Ello, porque a pesar del aumento brusco en el consumo energético, Chile sigue lejos de los países desarrollados en consumo energético per cápita, por lo que lo razonable esperar que el gasto energético siga creciendo.

¿Qué se hizo y cuáles son los resultados durante estos cuatro años? Para el gobierno, el balance es positivo. Según un recuento de los compromisos adquiridos, las principales metas en esta materia están alcanzadas.

Uno de los puntos importantes de la actual gestión es que el esfuerzo en eficiencia energética no se centró sólo en lo relacionado con electricidad, pues también se trabajó en otras fuentes de energía, pasando incluso por el gas y la leña.

RESULTADOS 2010-2014

Según Virginia Zalaquett, Jefa de la división de Eficiencia Energética del Ministerio de Energía, los cinco aspectos clave comprometidos en la Estrategia Nacional de Energía están cumplidos, aunque eso no quita que sea imprescindible que este trabajo continúe.

Durante el actual mandato se trabajó en dos frentes en esta materia: la división de Eficiencia Energética y la Agencia Chilena de Eficiencia Energética (AChEE). La primera tiene un rol de definición de políticas públicas para avanzar en el objetivo, mientras que la agencia es una fundación de derecho privado, siendo para el Ministerio el principal brazo ejecutor de las políticas que éste define, quedando bajo su responsabilidad la implementación de programas y proyectos específicos de eficiencia energética.

“Debemos partir contextualizando la labor del ministerio, y esto es ‘elaborar y coordinar los planes, políticas y normas para el buen funcionamiento y desarrollo del sector, velar por su cumplimiento y asesorar al gobierno en todas aquellas materias relacionadas con la energía. Por lo tanto, el rol de la división de Eficiencia Energética es la de proponer políticas públicas en eficiencia energética’”, explica la experta.

“El rol de la eficiencia energética ha sido central. La Estrategia Nacional de Energía definió como primer pilar la eficiencia energética como una política de Estado, posteriormente se publicó el Plan de Acción de Eficiencia Energética 2020, que es una ruta de navegación para alcanzar en ese año una disminución del 12% en la demanda de energía final proyectada. Además, los presupuestos que se han destinado para la materia han crecido de manera importante en los últimos años”, añade Zalaquett.

En el Plan de Acción 2020 se plantea que reducir en 12% el consumo de energía, lo que permitiría lograr una disminución estimada de 43.000 Tcal en 2020, “lo que representaría, sólo por energía eléctrica que se deja de consumir, una potencia desplazada sobre los 1.100 MW con los consiguientes beneficios económicos para el país”. La consecución de esta meta permitirá generar beneficios adicionales como mayores niveles de producción de la industria y menores emisiones de CO2, entre otros.

Estos 1.100 MW de menor consumo permitiría evitar que el país construya centrales por sobre 2.000 MW, considerando que la operación del sistema eléctrico implica que la capacidad debe duplicar el consumo, por efectos de contar con respaldo.

Estos 2.000 MW de reducción del consumo respecto de la proyección para fines de la década equivalen a casi cuatro veces la potencia instalada que tendrá la central hidroeléctrica Alto Maipo, que se levantará en la Región Metropolitana, o bien, casi tres veces la potencia de la central a carbón Punta Alcalde, de Endesa.

Desde el gobierno agregan que un punto clave durante la gestión fue la creación de un Comité Interministerial de Desarrollo de Políticas de Eficiencia Energética: “El comité busca ser una instancia de coordinación interministerial para la definición de políticas al interior del Estado. Se realizaron varias sesiones y se realizó una presentación de propuestas al Presidente de la República”, señala Virginia Zalaquett sobre el trabajo de este estamento.

En el empresariado plantean que efectivamente un logro reciente en materia de eficiencia energética ha sido instalar la idea del ahorro entre las empresas y la población, aunque a la vez se cree que las empresas, en su afán por ser más competitivas, permanentemente están buscando generar nuevos ahorros, donde la energía, dado sus altos costos, es un aspecto obligatorio.

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