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Utilizar los excrementos derivados de los animales para la producción de energía, es un ejercicio ya instalado a nivel local. Evita los altos niveles de contaminación ocasionados por los establos pecuarios, ayudando así al medio ambiente y a las comunidades aledañas

Frente al crecimiento experimentado por la actividad pecuaria en los últimos diez años, (planteles de aves, cerdos, bovinos de leche y carne), Chile ha debido avanzar en técnicas que permitan reducir los altos niveles de contaminación ocasionados por los residuos provenientes de los animales.

Situación que al considerar las 550.033 toneladas de carne de cerdo y las 206.300 toneladas de carne bovina, producidas en 2013 -según cifras del INE-, el desafío por reducir los olores, el deterioro de lo suelos y ríos, más los nocivos gases hacia el medio ambiente generados por sus excrementos, se vuelve cada vez más urgente a nivel local.

Una de las alternativas de cómo manipular tales desechos, es a través de procesos para la generación de energía limpia, renovable y no convencional. Algo que ya está realizando la empresa MaxAgro, que recientemente acaba de instalar las primeras dos plantas de biogás del país, a base de “purines” de cerdo.

Hace seis meses la compañía inauguró tales instalaciones en Las Pampas y Santa Irene, ubicadas en la localidad de El Toco, comuna de Pichidegua.

Estos planteles utilizan un novedoso sistema de tratamiento de residuos de animales llamado biodigestión, que convierte la mezcla de agua, feca y orina (conocida como purines de cerdos), en energía eléctrica. En su medio año de funcionamiento ha logrado producir alrededor de 1 MW de energía, la que es inyectada al Sistema Interconectado Central (SIC). De esta forma, hoy logra abastecer a 2.500 familias de la localidad en donde se encuentra emplazada.

Para Cristián Kühlenthal, gerente general de MaxAgro, fue el trabajo con las comunidades lo que impulsó el rápido desarrollo de estas plantas. “Estamos muy orgulloso por hacer realidad una necesidad colectiva, que permite abastecer de energía a familias vecinas y palear uno de los grandes problemas de la industria como son los olores producidos por los purines de cerdo“, afirma.

Por biomasa o substrato se entiende toda la materia orgánica proveniente de desechos de animales (estiércol), árboles y plantas, entre otros, que pueden ser convertidos en energía; o los derivados de la agricultura (residuos de maíz, café, arroz, papas, banano), de aserraderos (podas, ramas, aserrín, cortezas) y de los residuos urbanos (aguas residuales, basura orgánica y otros).

Esto se produce por medio del rescate del gas metano o biogás, a través de un motor de combustión que produce energía eléctrica y térmica.

En cuanto al uso de los purines, la producción de 20m3 de biogás, proveniente del estiércol de las vacas, genera 40KWh de energía eléctrica. En el caso de los cerdos, la cifra alcanza a 30m3 de biogás, produciendo 60KWh. Por último, el abono de gallinas y pollos genera 40m3 de combustible, que se traduce en 80KWh de electricidad (ver infografía).

Proceso, que en el caso de MaxAgro, fue expuesto en la Cámara de Comercio e Industria de Münich, Alemania. En la ocasión, el empresario nacional Matías Errázuriz, de Genera Austral, reafirmó la importancia de este proyecto para el país.
“En Chile hay un mercado tremendo para generar energía con biogás. Y no sólo en la agricultura, sino también en los vertederos, en la industria forestal, salmonera, alimentaria y en el mercado mayorista de alimentos”, manifestó, agregando que “si se piensa que en Alemania existen alrededor de 7.800 plantas de biogás que en total generan 3.400 MVh de energía eléctrica; entonces en Chile aún tenemos mucho potencial, porque contamos con más empresas agrarias que Alemania”.

Desde las vacas

Esto también se replica en el plantel lechero Fundo Rinconada, donde se utilizan los purines de vacas para la generación de energía eléctrica. Andrés Tamm, gerente general de la compañía ubicada en Tinguiririca, comuna de Chimbarongo (R. de O’Higgins), cuenta que el incremento de su masa ganadera los llevó a buscar una solución definitiva al manejo de guanos y purines.

“Acá usamos vacas que generan bacterias metanogénicas en sus desechos. Tenemos una piscina grande cubierta por dos lonas. Una en contacto directo con el metano y la otra, ocasionando una presión positiva de aire, la cual funciona como un pulmón”, explica.

El ejecutivo comenta que de la energía generada, un 16% se utiliza como consumo para la propia planta, cuyo costo no supera el $1 millón, facturando cerca de $10 millones mensuales. “Chile ha avanzado muy mal en este tipo de industrias, porque las leyes están mal hechas. No puede ser que al final del mes tengas que emitir cerca de 50 facturas de las cuales el 40% son por pesos”, critica el empresario.

A partir de esto, Jorge Neira, economista agrario, asegura que es económicamente viable implementar biodigestores para el manejo del estiércol y la producción de electricidad en establos con 300 vacas o más.

“De acuerdo a sus resultados, el ingreso económico total corresponde a los ahorros en los consumos de electricidad (columna valor de la electricidad generada) más la entrada por la venta de bonos de carbono (columna valor de los certificados de emisiones excedentes al año)”, aclara.

Pero dicho segmento debutó en 2013, tras la apertura del primer biodigestor del país en base a purines de bovinos, desarrollado por el grupo Bethia. Situado en la ciudad de Los Ángeles, hoy la instalación suma más de 6.500 vacas generadoras de materia prima, constituyéndose uno de los más grandes planteles lecheros a nivel mundial.

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