AshaleGas

Análisis de cien estudios revela que en su producción y uso el combustible genera emisiones similares al gas natural. Pero expertos advierten otros problemas

El shale gas -un combustible fósil que Chile comenzará a importar desde EE.UU. en 2016 para incorporarlo a su matriz energética- no solo se está convirtiendo en el nuevo combustible estrella para la generación eléctrica. También ha levantado una serie de polémicas por los costos ambientales asociados a su extracción y uso.

Hasta ahora, los estudios sobre su contribución al cambio climático han sido contradictorios. Por esta razón, investigadores del Joint Institute for Strategic Energy Analysis, en Colorado, EE.UU., decidieron analizar cerca de cien estudios armonizando sus datos “para responder a la pregunta de si el shale gas genera más emisiones de gases invernadero que el gas convencional u otros combustibles fósiles, como el carbón”.

En un artículo publicado ayer en la revista Proceeding of the National Academy of Sciences (PNAS), de Estados Unidos, revelaron que la emisión de gases invernadero a lo largo del ciclo de vida (exploración, extracción y uso) del shale gas equivale a la del gas natural convencional, considerado el combustible fósil más limpio, ya que produce poca contaminación y emite menos CO {-2} que el petróleo y el carbón.

Además, dicen los autores, el shale gas empleado para generación eléctrica emite menos de la mitad de gases invernadero que el carbón, combustible que se utiliza para producir energía en centrales termoeléctricas.

Luis Cifuentes, especialista en gestión ambiental de la Escuela de Ingeniería de la U. Católica, destaca la validez metodológica del estudio y califica sus resultados como “alentadores, considerando que descarta estudios aislados que decían que el shale gas tenía más emisiones que el gas natural e incluso el carbón, por loque recuperamos la esperanza de que su uso sea una forma efectiva de sustituir este último para bajar las emisiones de gases invernadero”.

Andrés Fuentes, académico del Depto. de Industrias de la U. Federico Santa María, agrega que “si el shale gas que se trae de EE.UU. tiene una huella de carbono menor que la del gas natural que viene de otros países y su costo es menor, será una alternativa interesante, considerando además que ya tenemos toda una matriz de norte a sur adaptada al uso de gas”.

En la mira

Pese a ello, hay otros reparos sobre el shale gas. También conocido como gas de lutita o esquisto, éste se extrae de capas rocosas ubicadas a gran profundidad. Esto implica hacer perforaciones para llegar hasta el yacimiento y luego fracturar la roca con enormes cantidades de agua a presión mezclada con químicos para permitir la salida del gas a través de tuberías.

“El problema principal radica en deshacerse de esta agua de forma prudente (idealmente, reciclarla), para así no dañar el medio ambiente”, dicen en un estudio publicado en 2011 investigadores de la Escuela de Ingeniería de la U. Católica.

Fuentes agrega que “otro problema es la eventual contaminación de fuentes de agua dulce y napas freáticas durante la extracción del gas”, lo que puede ocurrir con metano o químicos usados en la fracturación hidráulica. Si bien esto ha ocurrido en localidades de EE.UU. donde los pozos de agua se ubican cerca de yacimientos de lutita, un catastro global publicado el mes pasado señala que 92% de los acuíferos están separados del shale gas por al menos 800 m de estratos geológicos, lo que dificultaría el contacto entre ambos.

El Mercurio

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