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La medición de la huella de carbono fue uno de los primeros pasos, algunos optaron por viñedos orgánicos, mientras que otras decidieron dar otro salto y cuidar el agua con el fin de que el mundo vitivinícola fuera capaz de seguir creciendo sin generar externalidades negativas

La industria vitivinícola es probablemente una de las más avanzadas en el desarrollo de políticas de sustentabilidad en Chile. Especialmente si se considera que este aspecto es clave para los mercados internacionales. Actualmente, Chile es el cuarto mayor exportador de vinos a nivel mundial, de acuerdo al ranking de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV).

Más de una década llevan los viñedos trabajando en los cultivos y procesos asociados, con el fin de mitigar externalidades negativas. Algunos han optado por estrategias orgánicas y otros se enfocan en la huella de carbono. Hoy el sector está concentrado en seguir avanzando, usando diversas certificaciones como el Código Nacional de Sustentabilidad, la primera certificación exclusiva de la industria vitivinícola del país.

Tesco y su impacto

Aunque el proceso comenzó a inicios de la década de 2000, hubo un hito que puso el pie en el acelerador para este sector. En 2007 la viña Concha y Toro se sumó a la iniciativa “carbon rating” de la cadena británica de supermercados Tesco, para medir la huella de carbono de sus proveedores y reducir la propia. En ese momento Gran Bretaña era el principal mercado para la exportación de vinos chilenos y Tesco representaba un tercio de la ventas. Así, desarrollaron un proyecto completo en torno a la medición y mitigación de huella de carbono. Entre varias acciones, redujeron el peso de sus botellas.

De ahí en adelante, toda la industria vitivinícola local, que ya venía realizando varias prácticas sustentables, comenzó a tomar este tema como algo mucho más crítico en su negocio.

“En mercados importantes para los vinos chilenos existe una profunda preocupación por los temas ambientales y de responsabilidad social, los cuales son transmitidos hacia los proveedores de todo el mundo. La industria vitivinícola ha decidido enfrentar esto unida, con una imagen país. De esta forma,  un consumidor podrá asociar la sustentabilidad con un vino chileno, independiente de la marca”, señala Christian Maire, sustainability system manager de Viña Cono Sur.

Más que huella de carbono

Hoy los desarrollos en torno a la sustentabilidad van mucho más allá que medir las emanaciones de CO2 asociadas al vino. La huella del agua ya se está introduciendo y Viña Montes ha sido una de las pioneras al respecto. En 2009 esta viña reconoció que el agua era un recurso valioso e inició un proyecto llamado “Sustainable Dry Farming”, donde minimizó su consumo para estudiar el impacto de diferentes niveles de riego en los viñedos, en el desarrollo de las uvas y en la calidad del vino. Actualmente, Viña Montes es la única bodega que realiza este proceso. “Cada uno de los avances están alineados con nuestro objetivo de ser sustentables. Nos preocupamos del bienestar de nuestros trabajadores, mantenemos y preservamos el entorno, procurando el menor impacto. Además, utilizamos los recursos sabiamente y promovemos esta cultura dentro de la viña”, indica Aurelio Montes, presidente y enólogo de Viña Montes. En ese contexto, la viña se sometió a un estudio del Estándar de Gestión Sostenible del Agua AWS (Alliance for Water Stewardship), que permitió conocer y gestionar de mejor manera su uso con una mirada que la concibe como un recurso compartido de gestión integrada, con cuatro pilares fundamentales: calidad, cantidad, gobernanza y áreas hídricas relevantes.

Crecimiento en la industria

En 2010 Chile ya era el quinto exportador de vinos del mundo, superando a Nueva Zelanda. La industria vitivinícola chilena daba cuenta de su inquietud ante el tema ambiental, básicamente a partir de las informaciones procedentes de Europa, que indicaban que al año siguiente, Francia comenzaría a aplicar una nueva ley que obligaría, entre otros aspectos, a informar sobre la huella de carbono a los productos importados.

Otra de las que ha apostado por este mundo ecofriendly es Viña Casa Silva que a fines de 2013, consiguió el Sello de Eficiencia Energética otorgado por el ministerio de Energía. Esta iniciativa reconoció a las mejores compañías chilenas que pusieron sus esfuerzos para mejorar el desempeño energético de sus procesos.  Mario Pablo Silva, gerente general de la viña, comenta: “Apuntamos a la modernidad y a la conciencia medio ambiental, la cual se expresa, por un lado, en nuestros esfuerzos por ahorrar energía y por otro, en la implementación de nuevas tecnologías más eficientes y nos lleven a un menor uso de ésta”.

Por otro lado, desde el año 2010, la sustentabilidad es uno de los pilares estratégicos del Grupo San Pedro Tarapacá (VSPT) que  “a través del programa 360 Sustentable creado en el año 2009 nos hemos preocupado de desarrollar y ejecutar un plan orientado a mejorar nuestros indicadores basado en cuatro pilares: medioambiente, gestión del Agua, compromiso Social y bienestar, y calidad, cuenta Bárbara Wolff, subgerente de desarrollo sustentable del grupo.

En el caso de Viña Emiliana, una de sus características principales es que son  una compañía 100% orgánica. Según Cristián Rodríguez, gerente comercial de Viñedos Emiliana, reciclan todos sus residuos vegetales para reutilizar en el campo.

“En términos de eficiencia energética, estamos preparándonos para la certificación  50.001. Para ello, hemos desarrollado diferentes iniciativas, como el uso de biomasa para reducir el consumo de combustibles fósiles, la implementación de sistemas de enfriamiento natural en nuestras bodegas y el uso de combustible biodiesel en base a aceites reciclados, entre otras iniciativas”, comenta Rodríguez.

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