riego

La idea es interceptar los emisarios submarinos, antes de la costa, y llevar el flujo hacia una planta de tratamiento que deje las aguas en calidad apta para el uso en los campos. Expertos diseñan modelo

A lo largo de la costa de Chile hay 32 emisarios submarinos que llevan enormes volúmenes de aguas domésticas desde las ciudades al mar. Por cada segundo que pasa, se descargan 8 mil litros en forma continua.

Mientras, en regiones de la zona norte y centro la escasez hídrica golpea fuertemente a la actividad agrícola, con la pérdida de extensas áreas de cultivos.

Fue justamente este sector, que es el más afectado, el que planteó al Gobierno Regional de Valparaíso evaluar opciones que permitieran detener el impacto económico de la falta de agua en la productividad local, especialmente en los valles de Petorca, La Ligua, Quillota y Casablanca, entre otros.

En esa línea, un equipo de expertos de Fundación Chile (FCh), bajo mandato del Gore de Valparaíso, desarrolla desde hace un año el diagnóstico y un modelo pionero en el país para la nueva utilización de las aguas residuales que hoy se vierten al mar a través de nueve emisarios en la V Región, sin más manejo que una separación previa de sólidos.

Ulrike Broschek, subgerenta de Sustentabilidad de FCh, quien lidera el proyecto destaca que esa región concentra la mayor cantidad de las descargas en el país, casi el 40% del total, y es también una de las más afectadas por años de sequía.

“En Chile, enfrentamos hoy una brecha hídrica relevante de 82,6 metros cúbicos por segundo y es una limitante para el desarrollo económico de la agricultura, la minería y la industria. Esa brecha se va a duplicar en 15 años más”, dice la especialista.

Y añade que el déficit hídrico es especialmente crítico entre las regiones de Arica y la Metropolitana.

Modelo replicable

El proyecto de FCh, que se financia con el Fondo de Innovación y Competitividad (FIC) con un monto cercano a los $150 millones para 18 meses de trabajo, entregará en 2016 el diseño de una planta, la red de distribución y la propuesta de un modelo tarifario para los usuarios.

Cuando restan seis meses para el término, se elabora el sistema de redes para interceptar en tierra a los emisarios de la zona. El líquido se desviaría en tuberías hacia una planta de tratamiento que dejaría las aguas en una calidad apta para riego. Esto se haría con una tecnología de lodos activados, similar a la que aplica la planta de La Farfana en la Región Metropolitana, que hoy devuelve el recurso a cauces superficiales, donde se da un “reúso indirecto” ya que luego muchos agricultores utilizan sus derechos de agua.

En el caso de los emisarios, se hará a esas aguas “un acondicionamiento importante para riego y debe cumplir los parámetros para ese uso”, enfatiza Broschek. Al respecto, se evalúa si conviene más instalar una planta grande, que reciba un flujo de dos mil metros cúbicos por segundo, o bien repartir el caudal en dos o tres plantas más cercanas a los puntos más críticos que se definirán en las zonas agrícolas de distribución.

“Este proyecto, que ahora se está validando, puede ser replicable a nivel nacional en otras regiones”, destaca la experta. En el caso de Valparaíso, podría llegar a cubrir el 20% de la brecha hídrica que tiene hoy la región.

Otras fuentes

El coordinador regional de aguas de Valparaíso, Marcelo Herrera, destaca que el proyecto encargado a la Fundación Chile por el gobierno regional va en la línea de buscar nuevas fuentes de suministro.

“Israel es uno de los mejores ejemplos en este sentido, donde parte importante del agua de riego es agua reutilizada”, señala.

Esa idea, dice, serviría a muchas zonas de alto potencial productivo, como Casablanca, Cuncumén, Petorca y Puchuncaví, entre otras, que sufren el impacto del cambio climático que ha traído menores precipitaciones y reducido los caudales.

El reúso de aguas servidas tratadas, destaca Herrera, permite evaluar otra medida de importancia para mitigar la escasez hídrica, tal como se hace con la construcción de tranques y la infiltración de acuíferos.

Según explica, entre 2014 y 2015 en las zonas más afectadas por la sequía se han invertido $21 mil millones en diversas iniciativas para apoyar al agro.

A futuro se aguarda la construcción de embalses en la cuenca del río Aconcagua y una planta desaladora para agua potable.

No obstante, a juicio de Ulrike Broschek, el reúso es una opción muy próxima y puede dar soluciones eficientes en el corto plazo, con costos factibles, para las necesidades agrícolas.

De hecho, en 2016 la Fundación Chile expandirá el modelo a la Región de Coquimbo, que descarta el 13% del volumen de aguas servidas a través de emisarios. Además, estiman que este tipo de proyectos conlleva otro impacto positivo al reducir la descarga de contaminantes cerca de la costa.

Medidas

La V Región ha gastado $21 mil millones, entre 2014 y 2015, en medidas para afrontar la sequía. Experto en riego: “Chile tiene un potencial para sumar 250 mil hectáreas agrícolas si hiciera reúso de aguas”

“Chile tiene un potencial para regar y sumar unas 250 mil hectáreas agrícolas si hiciera el reúso de las aguas tratadas”, enfatiza el presidente de la Asociación Gremial de Riego y Drenaje de Chile, el ingeniero agrónomo Luis Gurovich.

Consultado sobre el tema, el especialista remarca que existe un retraso en esta materia, ya que “el reuso de agua es un tema muy antiguo en varios países, donde lo habitual es canalizar el recurso ya tratado a través de una red hidráulica y se lleva a los campos agrícolas”. En Chile, en cambio, dice, “la ley obliga a devolver el agua tratada (desde las plantas) al cauce natural”.

Gurovich ha visto en terreno la experiencia de Israel, que es pionero en el tema. “Allá, en este momento el 80% del agua que se usa en la agricultura es agua tratada”, explica, lo que se ha replicado en varios países con el apoyo de expertos .

“Acá estamos desechando un recurso en una zona donde no sobra el agua”, advierte.

“En las ciudades chilenas, el 90% de las aguas son tratadas y quedan aptas para riego, pero se descartan en ríos”, señala. Esa opción está hoy disponible, dice, pero requiere primero adecuar normas y legislación para que se pueda materializar.

En el caso de los emisarios submarinos, precisa que esas aguas no cumplen las condiciones para riego y requieren un tratamiento previo que las deje aptas.

Si bien hay quienes tienen prejuicios de regar con este recurso, Gurovich precisa que aguas como las que devuelve la planta de La Farfana, en Santiago, al río, “cumplen con los estándares para riego agrícola”, y no existe riesgo alguno para los cultivos.

Según el experto, Chile podría paliar parte de la demanda hídrica del sector agrícola que hoy utiliza el 78% del total de agua que se usa en el país.

El Mercurio

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