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FreshWater, un dispositivo hecho en Chile que condensa la humedad ambiental para generar agua pura, puede paliar la escasez y mala calidad de este elemento en zonas aisladas

“Hubieras visto la cara de las autoridades cuando compararon el sabor de esta agua con la del pozo que hay en Cachiyuyo”, describe Héctor Pino, cofundador y director ejecutivo de FreshWater, empresa de innovación social que hace unos días inauguró en ese poblado de la provincia del Huasco el proyecto “Agua para Atacama”.

El agua de Cachiyuyo, tal como la de muchos pueblos apartados en el norte del país, no solo es escasa. También está cargada de minerales y metales pesados que la vuelven dura, salobre y no aconsejable para consumo humano.

En vasitos pequeños, las autoridades tomaron de esta agua, la que ahora provee el dispositivo creado por FreshWater. Este es un surtidor que captura y luego condensa la humedad relativa del aire, convirtiéndola en agua que, luego de ser filtrada y esterilizada por la misma máquina, queda apta para el consumo humano.

“En comparación con el agua del pozo, esta es lejos mucho mejor”, opina Luisa Villalobos, presidenta de la Junta de Vecinos de Cachiyuyo. Aclara, eso sí, que aquí no se toma agua del pozo.

“Tenemos que comprar agua en botellones de 20 litros, lo que implica un costo importante. Cada uno vale $2.800 y para una familia de cinco personas dura un día y medio a dos”.

Punto de partida

Con acuerdo de la comunidad local, el surtidor se ubicó en el jardín infantil del pueblo, que atiende a ocho niños. También pueden beber del agua los 14 niños de la escuela.

“En esta época estival el equipo produce 10 a 15 litros de agua al día. Entre abril y noviembre, cuando hay más humedad ambiental, llega a entre 15 y 20 litros”, dice Pino.

Cachiyuyo es el punto de partida del proyecto que es apoyado por la Corporación para la Competitividad e Innovación de la Región de Atacama (CCIRA), la Gobernación de Huasco y Socialab.

“Ahora estamos identificando otras localidades de la Región de Atacama donde sería eficiente poner dispositivos”, señala Pino. En esta zona desértica funcionan bien en la depresión intermedia y la costa, donde el dispositivo puede producir hasta 30 litros diarios de agua.

La instalación en cada lugar se hace en colaboración estrecha con la comunidad luego de identificar en conjunto sus necesidades, hábitos de consumo y problemas asociados al agua. “Eso permite que hagan suya la tecnología en forma rápida y que no esperen que venga un tercero que les resuelva el problema”, explica Pino. En el jardín infantil, por ejemplo, la directora es quien está monitoreando el equipo y su rendimiento para ir perfeccionándolo.

“Sabemos que el costo de este proyecto es altísimo. Nosotros hemos comprobado que funciona, y lo ideal sería que otras localidades tengan acceso”, reflexiona Luisa. Pero si pudieran acceder a más en Cachiyuyo, añade, “nos serviría contar con ellos en servicios públicos, como la sede comunitaria, la posta o el colegio”.

El Mercurio

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