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Es necesario -advierten investigadores europeos- adaptar a este escenario las plantas de generación eléctrica, como usar agua de mar para el sistema de enfriamiento en las termoeléctricas

El mundo necesita con urgencia adaptar su forma de producir energía, teniendo en cuenta que dentro de 40 años el consumo de agua para producir electricidad se duplicará debido al desarrollo económico y al crecimiento de la población.

Es la advertencia que surge de un estudio realizado por la Universidad de Wageningen, en Holanda, y el Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (Iiasa), de Laxenburg, Austria, que publica en línea Nature Climate Change.

Si no se hace nada, los expertos advierten que para 2050, debido a los menores cauces de agua, la producción eléctrica mundial podría caer alrededor de un 70%. Y aunque los científicos reconocen que las energías eólica y solar están aumentando su presencia, advierten que la producción termo e hidroeléctrica serán las formas predominantes de producir energía durante todo el siglo XXI.

Adaptaciones posibles

“El cambio climático está afectando los recursos hídricos, ya que está cambiando las precipitaciones y la temperatura del agua”, explica Keywan Riahi, ingeniero ambiental, coautor del estudio y director del Programa de Energía del Iiasa.

El investigador agrega que las plantas termoeléctricas y las centrales nucleares necesitan el agua como refrigerante, por lo que su escasez o su calentamiento, algo que también está sucediendo, supone una “importante restricción” para su funcionamiento.

Ante este preocupante panorama, lo positivo es que con ciertas adaptaciones estas plantas podrían enfrentar en buena forma el desafío. Por ejemplo, en el caso de las termoeléctricas, podrían usar agua de mar en lugar de agua dulce para su sistema de enfriamiento, sobre todo cuando se encuentran cerca de la costa.

Así se puede mejorar la gestión del agua durante las sequías y mantener la seguridad energética, afirma la investigadora del Iiasa y líder del estudio Michelle Van Vliet.

“Será necesario abordar la producción de electricidad desde la perspectiva de la adaptación al cambio climático, además de su mitigación”, asegura Van Vliet.

Chile, afortunadamente, está en relativo buen pie ante esta situación. El 30% de su energía es producida por centrales hidroeléctricas y el 65% por termoeléctricas a carbón. “En nuestro país, casi todas las centrales termoeléctricas usan agua de mar en su sistema de enfriamiento, ya que están instaladas cerca de los puertos. En cambio, las centrales consideradas en el estudio usan agua dulce para este proceso”, dice la doctora Cristina Segura, jefa del Área de Bioenergía de la Unidad de Desarrollo Tecnológico de la Universidad de Concepción.

En el caso de las centrales hidroeléctricas, estas son las más afectadas por la escasez hídrica, que es consecuencia del cambio climático. En la última década, en Chile no se han construido centrales de embalse, pero ha aumentado la instalación de centrales más pequeñas, como las “de pasada”, que aprovechan el curso de un río, o las llamadas minihidroeléctricas.

El Mercurio

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