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Los bosques europeos estarían liberando CO {-2} en vez de capturarlo, asegura un estudio

Desde hace mucho se sabe que la deforestación es uno de los grandes contribuyentes al calentamiento del planeta y, por lo mismo, replantar lo talado se veía como la solución perfecta. Pero nuevas investigaciones muestran que reforestar sin planear cómo se hace puede no servir para combatir el cambio climático. Dos estudios publicados en la última edición de la revista Science dan cuenta de ello.

Tras la deforestación producida en Europa entre 1750 y 1850, comenzaron grandes iniciativas para recuperar los bosques perdidos. El esfuerzo sumó un área de casi 400 mil km {+2} de nuevos bosques, en su mayoría coníferas. Se pensaba que era algo positivo, hasta ahora.

Un estudio el Instituto Pierre Simon Laplace, en Francia, descubrió que dicho esfuerzo no ha logrado secuestrar suficiente CO {-2} de la atmósfera, así como tampoco bajar la temperatura del aire como se esperaba. El manejo comercial de dichos bosques y las especies que los componen serían los culpables.

Los bosques europeos estarían liberando CO {-2} en vez de capturarlo, asegura el estudio, porque más del 85% del área recuperada está bajo el manejo de empresas forestales. Así, y aunque se reforeste constantemente, la tala de los árboles libera CO {-2} , en vez de que este siga capturado en forma de biomasa, hojas, madera seca y en el suelo.

En tanto que las especies plantadas, las coníferas, estarían contribuyendo al calentamiento en vez de mitigarlo, por dos razones. Disminuirían el albedo, o la capacidad de reflejar la energía del Sol, y aumentaría la evotranspiración, es decir, consumirían más agua.

“Mientras menos energía se refleje, más aumentará la temperatura. En tanto que el aumento de la evotranspiración se traduce en mayor capacidad de perder agua, lo que tiene efectos sobre el clima”, explica Juan Armesto, experto en ecología de bosques de la Universidad Católica.

El buen manejo forestal y la variedad de especies al planear la reforestación serían claves en todo el mundo, concluye el estudio, especialmente en áreas donde ha habido un reemplazo sustancial de especies, como ocurre en Chile.

Considerando lo anterior, dice Juan Armesto, tanto los pinos como los eucaliptos -las principales especies de reemplazo en el país- tienen un gran impacto en la evotranspiración comparados con las especies nativas, ayudando así a aumentar la diferencia de temperatura entre el día y la noche.

Dato crucial si se considera la conclusión del segundo estudio: los cambios en la cobertura del bosque inciden directamente en los flujos de energía y agua entre el suelo y la atmósfera, lo que finalmente afectaría a los climas locales.

“Estos resultados son bastante novedosos, porque no solo consideran la fijación de carbono de los bosques, sino también variables biofísicas como la temperatura y humedad”, opina Marcela Bustamante, profesora de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción.

El problema es que localmente se hace algo totalmente alejado de esto. Para manejar el albeo no solo se deberían replantar árboles, sino también arbustos, ejemplifica. De esta manera, cuando los árboles aún son jóvenes no quedan espacios abiertos que hacen que aumente la temperatura. “Reforestar siempre es bueno, pero estos resultados nos dicen que sí importa cómo se haga y las especies que se incluyan”, concluye.

El Mercurio

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