Todos los inviernos los medios de comunicación, las autoridades y la ciudadanía en general, fijan su atención en la nube gris que cubre las ciudades del centro y sur de Chile. Al analizar el problema surge inmediatamente un culpable -la leña- y al mismo tiempo una solución, reemplazarla.

Si bien, la contaminación atmosférica asociada al uso ineficiente de leña representa un problema real y significativo, es un error responsabilizar sólo al combustible. Varios y conocidos son los factores que se conjugan para generar episodios críticos de contaminación urbana. Se hace necesario entonces precisar algunas consideraciones.

Los combustibles derivados de la madera (CDM), especialmente la leña y los desechos forestales, satisfacen el 28% de la matriz de energía primaria nacional, constituyéndose en la tercera fuente energética después del petróleo y el carbón mineral. La leña es el principal combustible para calefacción y cocción de alimentos en miles de hogares urbanos y rurales del centro y sur de Chile, siendo utilizada también en industrias, empresas e instituciones públicas.

En Europa y Norteamérica, los CDM se han posicionado como una alternativa a los combustibles fósiles, de la mano del desarrollo de estándares de construcción (aislación térmica), y tecnologías apropiadas (calefactores, calderas, centrales de cogeneración, etc.) que permiten maximizar sus beneficios y minimizar sus impactos. En ese contexto, los CDM han sido vistos como una oportunidad para la innovación y el desarrollo tecnológico, y no como una amenaza.

La utilización eficiente de los CDM tiene múltiples beneficios. Desde un punto de vista social, destaca la creación de miles de empleos y su bajo costo en comparación con otras fuentes energéticas. Esto último permite proveer de energía barata a miles de familias, que de otra forma tendrían serios problemas para satisfacer sus necesidades energéticas. En una perspectiva económica, el mercado de estos combustibles alberga cientos de emprendimientos y un gran potencial de innovación y desarrollo tecnológico. Finalmente, en materia ambiental, destaca su menor impacto sobre el calentamiento global y su contribución al manejo sustentable de los bosques nativos.

Cuando en los 90s comenzaron los episodios de contaminación del aire en Santiago nadie planteó prohibir la gasolina, por el contrario, se propuso mejorar la eficiencia de los vehículos, la calidad del combustible, etc. Lo mismo debemos hacer con la leña, mejorar los calefactores, hacer más eficientes nuestras viviendas y mejorar sus estándares de calidad (contenido de humedad y tamaño de los leños).
El debate no es blanco o negro, como siempre, hay matices que deben considerarse para tomar decisiones inteligentes.

elmostrador.cl

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