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“Los funcionarios de Monsanto niegan rotundamente las acusaciones de la OMS que catalogó al glifosato de “probable cancerígeno”. Para regocijo de la multinacional las afirmaciones de la organización fueron parcialmente desmentidas por la IARC. Los ecologistas, activistas y pacientes afectados aseguran que es un agente carcinógeno y peligroso.”

Monsanto y el cáncer El gigante de la agroindustria con sede en St. Louis es el líder mundial indiscutido en el ámbito de los OMG (organismos modificados genéticamente) y el productor del Roundup, un herbicida tristemente célebre, cuyo principio activo es el glifosato y que se considera el más utilizado en todo el mundo.
Monsanto ha estado muy ocupado en los últimos años tratando de defenderse contra la enorme multitud de demandas que ha recibido, desde personas que han contraído cáncer por culpa del glifosato, hasta agricultores a los que sus condiciones para adquirir y plantar semillas transgénicas han hundido en la miseria.

La OMS declaró en 2015 que el glifosato era un producto peligroso, clasificado como “potencialmente cancerígeno”, pero en 2016 la IARC (Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer), que pertenece al mismo organismo, lo desmintió explicando que no es “seguro” que el glifosato produzca cáncer.
Monsanto, que sigue insistiendo en que el Roundup es seguro está encantado con las conclusiones de la reunión sobre Residuos de Plaguicidas (JMPR), que sostienen respecto al glifosato, que es «poco probable que exista riesgo carcinógeno para los seres humanos si se exponen a él a través de la dieta».
Esto es que, si se consumen productos que hayan sido fumigados con glifosato, serían seguros, ya que podrían no tener trazas del mismo, una vez procesados y lavados. Pero uno se pregunta: ¿qué tipo de lavado? ¿hay posibilidades de bioacumulación? ¿es esta la única forma de adquirir cáncer con el glifosato?
Que sí que no
Analicemos los hechos: existe infinidad de estudios que no tienen nada que ver con la OMS, que demuestran fehacientemente que el glifosato es cancerígeno y se basan no solamente en experiencias con animales de laboratorio (a los cuales les han provocado cáncer en todas las ocasiones en la que se los expuso al producto, ya fuera por ingestión o exposición cutánea o respiratoria) sino también con seres humanos.
Estas personas que habían tenido contacto con el RoundUp durante tiempos muy prolongados desarrollaron diversos tipos de cánceres, especialmente el linfoma no Hodkin, un tipo de cáncer que ataca a los linfocitos, las células de la sangre que intervienen en el proceso inmunológico y defensivo del organismo.

Según la OMS las conclusiones de que el glifosato puede causar cáncer en los seres humanos se basan en gran medida en los estudios de una enorme cantidad de pacientes, que han estado expuestos al glifosato en diversas naciones en todo el mundo.
En su momento, los hallazgos y el posterior dictamen de la OMS fueron fuertemente cuestionadas por Monsanto, que publicó de inmediato una detallada respuesta en el sitio web de la compañía.

En ella explicaban que el glifosato se usa desde 1970 y reconocían que su empleo y popularidad se dispararon en la década de 1990, cuando Monsanto introdujo los cultivos «Roundup Ready» diseñados genéticamente para resistir al herbicida, lo que permitía a los agricultores rociarlo ampliamente en sus campos.
Luego adujeron que sus propios estudios demostraban que el producto no era cancerígeno, que los granos cosechados (especialmente soja y maíz) no contenían prácticamente trazas de Glifosato y en cuanto a la exposición directa, que solo se debían cumplir con las medidas de seguridad previstas al fumigar.
Recordemos que el año pasado varios eurodiputados pusieron a prueba estas declaraciones haciéndose un análisis de orina, que dio como resultado la comprobación de que todos tenían el compuesto en su organismo y en tasas superiores a las consideradas “seguras” y ningunos había empleado el herbicida directamente, ni había ingerido productos transgénicos por propia voluntad.
Pero Monsanto, que sigue insistiendo en que el Roundup es seguro y no causa cáncer, recibió un impulso este año cuando en una reunión conjunta de la FAO y la OMS, concluyeron que el glifosato no tenía por qué ser un agente cancerígeno, si se consumían productos que hubieran sido cultivados con dicho herbicida.

¿Presiones económicas?
Muchos críticos, activistas, ecologistas y afectados por el glifosato se preguntan si estas conclusiones no se derivan de las enormes presiones que se ejercen desde la multinacional, para acabar con la “persecución” de la que dicen ser objeto.
En un comunicado de prensa, Greenpeace, la organización mundial defensora del medio ambiente, señaló que al menos dos de los expertos que participan en la decisión de la IARC, Alan Boobis y Angelo Moretto, tienen vínculos con el Instituto Internacional de Ciencias de la Vida (ILSI) en Europa, quienes trabajan para y son financiados por… Monsanto.
Las coincidencias son demasiadas y a ello se le suma que en EEUU están en plena campaña electoral y tanto Hillary Clinton que es una acérrima defensora de Monsanto, como Donald Trump que apoya los cultivos OMG y desprecia los tratados firmados en la COP21, tienen un especial interés en contar con el apoyo de Monsanto. Hay mucho más que la simple calificación como cancerígeno del veneno de Monsanto; lo que se juega la compañía es la parte del león de las semillas del planeta y ya lo dijo Kissinger: “quien controle los alimentos, dominará el mundo”.

ecoticias.com

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