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Diversos estudios en terreno se están realizando para identificar las razones que expliquen la situación que afecta a esta especie. Mayor vulnerabilidad debido al cambio climático es una de las teorías

En mayo de 2016, funcionarios de Conaf detectaron la muerte de ramas e incluso de ejemplares completos de araucarias, situación que movilizó a diversas entidades, con miras a entender la extensión de dicho problema y alguna posible solución del mismo.

Luis Duchens, jefe nacional del Departamento de Plantaciones Forestales de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), relata que “en la Reserva Nacional Ralco se han detectado daños significativos, desde una anormal muerte de ramas bajas en araucaria, hasta la de ejemplares. En esta área se están realizado diferentes estudios tendientes a la identificación del agente causal”.

Esto es reafirmado por Rodrigo Morales, académico del Instituto de Conservación, Biodiversidad y Territorio de la Universidad Austral, quien destaca que se han constatado daños en la distribución norte de la araucaria en focos puntuales, como la Reserva Nacional Ralco y Curanilahue en la Región del Biobío, agregando que “los daños se presentan en la copa y en ramas con severidad, a diferencia de lo que se puede observar en la distribución sur, en las zonas de Icalma, Laguna Galletúe y Liucura, donde las araucarias no presentan los daños ni de la magnitud a los observados en la distribución norte de la especie”.

El alcance de la enfermedad es complementado por Eugenio Sanfuentes, investigador del Centro de Biotecnología de la Universidad de Concepción, quien señala que “la Municipalidad de Curanilahue nos contactó aproximadamente en el mes de junio o mayo de 2016,  porque habían observado que las araucarias tenían algún problema en la zona de la cordillera de Nahuelbuta, en Trongol Alto”, agregando que “este mismo problema se estaría viendo en la vertiente oriental de la cordillera, es decir, en Argentina”.

Posibles causas

Pese a que las conclusiones de los estudios en curso todavía no están disponibles, ya existen algunas teorías respecto a lo que estaría afectando a las araucarias.

Es así como el investigador Eugenio Sanfuentes comenta que “una de las hipótesis planteadas es que sea un problema asociado a predisposición, es decir, a factores ambientales no adecuados para la araucaria, sequía, altas temperaturas inusuales, sequía sobre todo en la época de primavera y verano, pudieran contribuir a que muchos agentes, hongos y otros, pudieran estar afectando a la araucaria de forma más allá de lo normal, eso es bastante común en las plantas, factores como: estrés hídrico, altas temperaturas, exceso de aguas o deficiencia de nutrientes pueden generar una condición de mayor vulnerabilidad ante un agente determinado”.

El especialista señala que “también está como hipótesis el cambio de algunos factores ambientales, de hecho, la gente de la cordillera de Nahuelbuta nos dicen que la nieve que caía antes ya no cae, que llueve mucho menos, que está más seco, y esto afecta a la araucaria y permite que otros agentes patógenos se aprovechen de la situación, del estrés de la planta, de los árboles, y generen este problema adicional de muerte de ramas, y de eventualmente los árboles mismos”.

Por su parte, Andrés Fuentes, investigador del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad de la Frontera, manifiesta que “entre las hipótesis que se han planteado, está un posible contagio con el hongo fitóftora. Hay antecedentes en que otras coníferas nativas han sido afectadas por esta enfermedad, como el caso del ciprés de la cordillera en poblaciones al sur de Argentina. También se ha barajado la sequía prolongada que se viene dando hace ya varios años, y que podría haber causado mortalidad y daño en las araucarias”.

El hongo fitóftora es un patógeno natural muy agresivo, que se desarrolla en el sistema radicular del árbol, produciendo la necrosis paulatina de las raíces absorbentes y reduciendo o eliminando su capacidad de absorber humedad y nutrientes.

Vigilancia y análisis

Diversas empresas, universidades y entidades sectoriales participan en el análisis del problema que está fectando a las araucarias.

Es así como Rodrigo Ahumada, jefe de la División Sanidad Forestal de Bioforest, comenta que junto a Conaf se han realizado visitas a terreno para conocer la situación y obtener muestras para análisis en laboratorio. Además de tomar muestras, se sugirió a Conaf realizar algunas acciones que permitan conocer aspectos epidemiológicos de un posible patógeno. Para determinar si existe contagio o transmisión de la infección se instalaron plantas trampas, que corresponden a plantas de vivero plantadas bajo las Araucarias con daño, de manera de evaluar la posible infección del nuevo follaje. Asimismo se instaló un ensayo de exclusión de síntomas, a través de la aplicación de fungicidas para determinar si es factible observar diferencias en el nivel de infección del follaje, entre los árboles aplicados con fungicida y los no aplicados. Este método permite conocer o descartar la participación de un patógeno, pero no está dirigido a conocer la identidad del mismo”.

En esa misma línea, el Servicio de Agrícola y Ganadero (SAG) ha llevado a cabo una serie de acciones de vigilancia fitosanitaria, que “abarcan las formaciones vegetales naturales de Araucaria araucana presentes entre las Regiones del Biobío y La Araucanía, revisando individuos en diferentes etapas de desarrollo y colectando muestras de diferentes estructuras y partes de los individuos muestreados, las que dependiendo del tipo de muestra generada seguirán siendo analizadas en las distintas disciplinas que este Servicio tiene implementadas en sus laboratorios (entomología, micología, nematología y bacteriología), utilizando técnicas de identificación de diferente naturaleza tanto morfológicas como moleculares, de modo de determinar si existe o no alguna plaga de los vegetales”, detalla Marcos Beeche, jefe del Subdepartamento de Vigilancia y Control de Plagas Forestales de la entidad.

Colaboración entre entidades

Entre las instituciones que están colaborando en la comprensión del problema, se encuentra Forestal Mininco. Jean Pierre Lasserre, gerente de Tecnología Silvícola de la compañía, destaca que la empresa “participa activamente en la mesa de trabajo aportando con la participación de dos profesionales, Miguel Castillo y Luis De Ferrari, así como entregando el conocimiento generado en estudios o prospecciones de nuestro patrimonio de bosque nativo y en particular de las áreas en que la araucaria está presente”.

El ejecutivo agrega que Forestal Mininco firmó un contrato con el Laboratorio de Patología Forestal de la Universidad de Concepción para realizar y financiar el estudio “Mortalidad de araucaria en patrimonio Forestal Mininco S.A.: evaluación del problema, etiología y epidemiología”. “El objetivo principal era determinar las causas de la mortalidad, el efecto en crecimiento y monitorear la evolución”, resalta Lasserre, quien agrega que el “equipo de la U. de Concepción forma parte de la mesa de trabajo, y los resultados y el conocimiento generado quedarán disponibles para esta instancia”.

Respecto a la labor que realiza dicha casa de estudios, el investigador Eugenio Sanfuentes detalla que se han instalado algunas parcelas, marcando algunos árboles para hacer un seguimiento cada cuatro meses, y ver la evolución de la enfermedad de las araucarias. “Generalmente un seguimiento de este tipo debería tomar al menos unos dos o tres años para tener información precisa, porque todos los años varían las condiciones ambientales y por lo tanto puede haber una variación importante en el comportamiento de un problema cualquiera en una enfermedad”, señala Sanfuentes.

A ello se suma una serie de acciones en materia de aislamiento, “es decir, a partir del tejido enfermo o con síntomas, buscar qué organismos se encuentra presentes en esas hojas y ramas afectadas. Hemos aislado varios hongos, algunas bacterias de ese material. Algunos de esos hongos ya están descritos para la araucaria, y otros aparentemente son nuevos, eso no significa que sean los agentes causales. Una cosa es detectar agentes asociados y otra es demostrar que son los que causan el problema”, aclara el investigador de la UdeC.

Acciones futuras

Las entidades participantes han definido una serie de acciones y líneas de trabajo para este 2017.

Tal es el caso de Conaf. Luis Duchens comenta que una línea de investigación “es la determinación de posibles agentes causales del daño foliar en Araucaria araucana mediante un estudio comparativo de la estructura microbiana y su asociación con variables ambientales que desarrollará el Centro de Innovación en Ciencias de la Vida de la Universidad de California Davis en Chile. El objetivo de este estudio es determinar las estructuras de las comunidades microbianas en individuos sanos y enfermos de A. araucana, y su asociación con variables ambientales para la identificación de potencial(es) agente(s) causal(es) del daño foliar de la Araucaria”.

En ese contexto, “a partir de enero se realizará conjuntamente con la Universidad Mayor el estudio de prospección sanitaria para la determinación de la distribución espacial y los niveles de severidad del daño foliar en los bosques de Araucaria araucana de las Regiones del Biobío, Araucanía y Los Ríos, considerando el uso de imágenes hiperespectrales y campañas de terreno”, detalla el profesional de Conaf, quien agrega que se ha encargado un estudio “a fin de evaluar los niveles de estrés bioclimático inducido por el cambio climático de comunidades de araucarias considerando el escenario actual y proyecciones. De esta manera contaríamos con las proyecciones de cuánto podría cambiar el contexto climático para esta especie”.

Por su parte, Rodrigo Ahumada, de Bioforest, resalta que “se continuará con la toma de muestras, las aplicaciones de fungicida y la evaluación de las plantas trampas en forma sistemática. Esto con el objetivo de descartar o validar la presencia de algún patógeno”, y agrega que “además, hemos sugerido la participación de algunos expertos internacionales de vasta trayectoria, quienes nos pueden apoyar en la búsqueda de la causa que provoca el daño foliar de las araucarias, tal como lo hiciéramos cuando realizamos el primer reporte del patógeno Fusarium circinatum en Chile, causante del cancro resinoso del pino en 2002 o del daño foliar de pino causado por Phytophthora pinifolia en 2008”.

Mientras que Rodrigo Morales, de la Universidad Austral, adelanta que “nuestra intención es postular a fondos públicos o privados que contemplen estudios en la sanidad y conservación de la Araucaria, con la finalidad de llevar a cabo estudios a mayor escala y ratificar las hipótesis que comenzamos a vislumbrar”.

Por otra parte, la FAO enviará en febrero y marzo dos especialistas para analizar la situación y emitir un informe.

Mientras que el SAG tiene contemplado para este 2017 continuar trabajando en las actividades de vigilancia en Araucaria araucana, tales como: prospecciones, revisiones de trampas y puntos permanentes de observación.

lignum.cl

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