De los 1.909 especímenes, 468 podrían ser sacados para dar paso a una tercera pista

“Hay edificios que son íconos porque permiten ver el estilo arquitectónico de una época. Este parque es parecido, porque muestra cómo eran los parques de mediados del siglo XX, con mucho pasto”, dice la arquitecta y paisajista de la Fundación Mi Parque Teresita Eggers, mientras camina por el corredor verde de Vespucio Oriente.

El parque va entre el Mapocho por el norte y el canal San Carlos al sur, lo hizo el arquitecto Álvaro Covacevich a fines de los 50 y, según un catastro de la Municipalidad de Vitacura, tiene 1.909 árboles. De ellos, poco más de 1.000, los más jóvenes, tendrán que ser trasladados a viveros mientras dure el rediseño de la arteria. Pero 468 están en riesgo por un cambio en las obras en superficie que complementarán la futura autopista subterránea Vespucio Oriente: la pista de buses estará a la izquierda y los paraderos, dentro del área verde. Entre ellos, hay cedros del Líbano, robles americanos y secuoyas.

Eggers reside en Vespucio con Colón, así es que suele usar el parque. “Los cedros de Líbano le dan una identidad. Si uno mira el skyline se encuentra con esos conos que invitan a acercarse. Es muy difícil transportar un árbol. Cuesta $4 millones, y árboles medianos, no tan grandes como los que hay aquí”, dice.

“Las secuoyas pueden parecer chicas, pero son muy antiguas. Son de Canadá y crecen tan lento como las araucarias. Los robles al principio forman conos, pero cuando crecen más, su copa se ensancha y queda un espacio bajo ellos”, describe la arquitecta mientras saca algunas hojas.

El parque —dice Teresita— exhibe de inmediato su intención. Tiene lomas en las partes que dan para la calle y un pasillo por el centro que corre zigzagueando para que la actividad se concentre al medio. Un parque actual no tendría tanto pasto, porque es costoso: se corta cada 15 días.

Ella lo encuentra parecido el Parque Balmaceda, en Providencia. “Hoy, cuando alguien hace un parque coloca arbustos. Es más fácil de mantener”, dice.

En su recorrido, la paisajista no encuentra muchos árboles nativos. “Hoy la tendencia es colocar quillayes. Aquí no aparecen. En cambio sí hay Sophora japónica (falsa acacia de Japón) y Robinia pseudoacacia (falsa acacia). A simple vista parecen lo mismo (de hecho, están entre las especies preferidas en los parques de todo el mundo). Eggers toma hojas para mostrar la diferencia. “La hoja de la Sophora termina en punta, la de la Robinia es redonda”, dice. Aunque no hay muchos en esta parte, se ven más desde Escuela Militar al sur. También existen ombúes y ceibos. “El ombú es un árbol para niños. Sus raíces sirven para que jueguen a la escondida. Claro, se necesitan 15 años para que eso pase. Y el ceibo de jujuy en primavera tiene flores rojas”, añade.

A ella le parece que otro atributo del parque son los árboles que muestran el cambio de temporada, como el liquidámbar, cuyas hojas se ponen amarillas en otoño. “Es bueno que las personas vean que el año va cambiando. El liquidámbar no se planta mucho en la actualidad porque necesita mucha agua”, dice.

7.500 pasajeros en hora punta

La tercera pista a la izquierda para buses, objeto de la pugna entre Vitacura y Las Condes con el MOP, tiene su explicación. De hecho, en los nuevos contratos del Transantiago se contempla un recorrido entre Bajos de Mena y La Dehesa que pasará por ahí.

El Ministerio de Transportes calcula que “asumiendo que cada bus lleva 80 pasajeros en el sentido de mayor carga y 50 en el de menor carga, el total de pasajeros sería aproximadamente 7.500 por hora en horarios punta, en ambos sentidos”. Por ello, dicen, la tercera pista es clave. “Mejoraría de un 30% a 50% la frecuencia y regularidad de los servicios en esa arteria vial”.

La Segunda

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