El uso de la madera de los tepuales para leña amenaza con destruir este ecosistema de enorme complejidad en un plazo de 30 años

Uno de los espectáculos que más sorprendió a Charles Darwin cuando visitó Chiloé en 1834 fueron los densos tepuales. Al desplazarse por estos bosques, repentinamente se dio cuenta de que estaba caminando a varios metros sobre la superficie. “Cuando aquí cae un árbol no lo hace directamente al suelo, sino se forma una maraña de troncos sobre la que crecen otros árboles y una diversidad de plantas y helechos”, explica Jan Bannister, investigador del Instituto Forestal (Infor). Él lleva cuatro años estudiando esta singular formación vegetal.

Aunque el tepú ( Tepualia stipularis ) es la especie dominante y de ahí su nombre, en estos bosques también crecen cipreses de las Guaitecas y alerces. Esos bosques, que comenzaron a formarse con la retirada de los hielos de la última glaciación, hace unos 12 mil años, se desarrollaron sobre suelo plano, donde se acumula agua, por lo que son catalogados como pantanosos.

Este tipo de bosques se da solamente en el sur, más o menos entre Puerto Montt (el aeropuerto local lleva su nombre) y la Laguna San Rafael, pero, particularmente, predominan en la Isla Grande de Chiloé y otros archipiélagos como las Guaitecas y los Chonos.

Actualmente estos bosques están bajo una enorme presión de uso, señala Bannister, quien se formó como ingeniero forestal en la U. Austral. “En Chiloé toda la leña que se usa para calefacción y para cocinar viene de ellos, lo están destruyendo por todos lados”.

De acuerdo con la tasa de extracción actual, el especialista asegura que prácticamente no quedarán bosques inalterados más allá de los próximos 25 a 30 años. “De ahí en adelante, todo va a ser intervenido y con eso se destruye un ecosistema de enorme complejidad”.

Además, también significa una merma en los servicios ecosistémicos que brindan los tepuales a la isla.

“Como estos bosques pasan gran parte del año cubiertos de agua, también funcionan como reguladores de ella”, explica. Es así como al retenerla en invierno evitan que se vaya abruptamente hacia los ríos e inunden cultivos y zonas pobladas. Mientras que en verano mantienen la humedad del suelo y así permiten que los cauces tengan un flujo constante, lo que ha sido importante en tiempos de sequía, como los que ha vivido la isla recientemente. “Son como los glaciares de Chiloé”, compara.

Es un rol que cumplen también las turberas (humedales repletos de material vegetal en descomposición que funcionan como esponjas), pero en menor grado, ya que su superficie es menor a la de los tepuales.

De esta forma, al estar sacando madera, se afectan los ciclos hídricos, los bosques se secan y el agua deja de estar retenida.

Para Bannister, el desafío ahora es convencer a la sociedad chilota de que en vez de emplear los tepuales para leña, más bien deben manejarse como reservas de agua. “Si cambiamos el paradigma, permitiremos que este servicio ecosistémico se mantenga en el tiempo”.

El Mercurio

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