Iniciativas buscan educar a la comunidad, en términos simples, sobre el cuidado de esta especie autóctona, presente en lugares públicos

Desde hace años, la Palma Chilena (Jubaea chilensis), de su especie la segunda más austral y más longeva del planeta, enfrenta una creciente amenaza de extinguirse en su ambiente natural. Podas sin control y falta de reforestación durante décadas hicieron que su actual estado de conservación sea vulnerable, de acuerdo a la Conaf. Una situación que desde el Estado, la sociedad civil y las empresas se busca revertir.

Lo motivos para hacerlo son varios: se trata de una especie endémica que se encuentra en el país desde hace millones de años, es anterior, incluso, a los dinosaurios; se le ha visto, en edades adultas, recuperarse de incendios y sobrevivir tanto a heladas, sequías o nevazones y tienden a ser un atractivo ornamental, atributos que la convierten en poderoso atractivo económico. A todo esto se suma el ser un recurso de cosecha de savia para la producción de miel de palma.

El problema, según comenta Luis Alberto González, doctor en ingeniería forestal de la Universidad de Chile, es que no existe oferta de ejemplares con tamaño atractivo para exportar, algo que dentro de una década podría cambiar debido al incremento en planes de reforestación y cuidado sustentable de la especie. “Se estima en menos del 2,5% lo que queda de las poblaciones naturales que existieron y se encuentran en un estado muy deteriorado pues son estructuras regulares que presentan más de un 90% de individuos en su fase terminal”, explica el académico.

Un proyecto que apunta a su rescate de manera trasversal, desde la educación y cuidado hasta el negocio de la miel de palma, es el que ha impulsado la familia Mansilla, dueña de la hacienda Las Palmas de Cocalán, ubicada en la región de O’Higgins. Allí, desde la década del ‘60 se han dedicado a la preservación y multiplicación de esta especie, a través de la producción sustentable de miel de palma, mediante un proceso de poda de las ramas que extrae la savia gota a gota, sin derribar los ejemplares naturales.

Pero además de producir miel de palma, la familia Mansilla se ha dedicado durante décadas a multiplicar los ejemplares. Hoy cuentan con un sector productivo de más de 3.000 hectáreas, logrando triplicar la población de esta especie que sólo en esa región supera los 125 mil ejemplares.

Marcela Angulo Mansilla, tercera generación que se encarga de esta labor, advierte que la mejor forma de multiplicar la palma es con la ayuda del hombre. “El proceso de crecimiento de las palmas puede tardar cientos de años, por lo tanto, quien plante debe tener una visión a largo plazo, dado que nunca va a ver el crecimiento de la palma en su totalidad. Es algo que se hace por las futuras generaciones y por el ecosistema”, comenta.

Y es que las palmas demoran cientos de años en crecer. Es más, en 100 años aún no llegan a su máxima altura, y recién entre los 35 y 75 dan frutos y desde ahí siguen creciendo, hasta más de 30 metros de altura.

Palmas al alcance de todos

Aunque en la hacienda de Cocalán las palmas representan también un negocio sustentable, hoy apuntan a entregar el conocimiento a la población en general y no únicamente a viveros y a la academia. “Hoy existe información muy técnica sobre cómo plantar y cuidar esta especie. Nosotros queremos darlo a conocer en términos simples a la gente común, acercar al chileno a este especie nativa, que nos representa, que estaba en la zona antes de la llegada de españoles y que representa una herencia a futuras generaciones”, afirma Marcela.

Para lograr educar a la población, la familia Mansilla está viralizando en redes sociales videos tipo tutorial, sobre diferentes temáticas, desde cómo reforestar hasta cómo cuidar un ejemplar en la vía pública o en un departamento, temáticas que no parecen extrañas al considerar que la Palma Chilena está presente en las calles de la ciudad, en bandejones, paseos, parques y plazas. Entre los sitios más característicos con estos ejemplares destaca el Parque de Los Reyes y la Plaza de Armas de Santiago.

“Basta un lugar aireado y con sol para tener una palma, sin necesidad de trasplantarla a otro sitio más amplio durante décadas. De hecho, hemos visto germinar coquitos después de 10 años de plantados”, asegura Marcela, quien añade que hoy la gente se pasa el dato de dónde estos ejemplares están dando coquitos, cómo cuidarlos y qué hacer. Por eso, dice, urge la necesidad de dar acceso a una educación sencilla, que llegue a todo el mundo y que la gente pueda conocer y replicar.

Diario Financiero

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