La deforestación es la principal causa de la degradación de los suelos, un fenómeno que afecta a una gran proporción del territorio mundial y que hoy intenta revertirse mediante el establecimiento de plantaciones que extiendan una cubierta vegetal protectora y le devuelvan a la tierra afectada sus nutrientes y productividad.

Cuando uno va por las distintas carreteras hacia el sur, sobre todo entre las regiones del Libertador Bernardo O’Higgins y de Los Lagos, es posible advertir que el tupido verdor de los bosques se interrumpe por manchones grisáceos de tierra descubierta y estéril. Son los suelos degradados, un flagelo que afecta a buena parte del planeta, y que los gobiernos, las empresas, propietarios de terrenos forestales y organizaciones ambientalistas y no gubernamentales de todo el mundo están esforzándose por combatir.

“La principal causa de la degradación de suelos está dada por el nivel de erosión que estos presentan, lo que se exacerba cuando se carece de una adecuada cobertura vegetal”, explica Angelo Sartori, jefe de la Secretaría Técnica de la Gerencia Forestal de la Corporación Nacional Forestal (Conaf).

La erosión es un fenómeno que se produce en la superficie del suelo y que consiste en el transporte de sus elementos y materiales debido a distintos procesos, tales como la circulación de agua o hielo, el viento, la lluvia o los cambios térmicos. Aunque se trata de un proceso natural que incide en la formación de la geografía de la tierra, el fenómeno aumenta cuando el hombre interviene el suelo. “Es más bien un problema que tiene su origen en el desarrollo humano, como las prácticas agrícolas inadecuadas y la sustitución de bosques”, afirma Sartori.

A medida que el suelo pierde su cobertura y protección vegetal se produce más erosión y degradación. “La degradación prácticamente lava el suelo”, dice Hivy Ortiz, oficial forestal de FAO para América Latina y Caribe. La experta explica que la degradación también se genera por un sobre uso del suelo, cuando el tipo de producción que se hace del él sobrepasa la capacidad de regeneración de nutrientes, por agentes químicos (cuando se sobrecarga la tierra de estos componentes), por el sobrepastoreo del ganado o de mamíferos de pequeña talla que pastan por los terrenos, y hasta por el viento, que también puede ser un factor de pérdida.
El suelo, al estar desprovisto de árboles o de otro tipo de cobertura vegetal, queda fuertemente expuesto a una reducción de su nivel productivo. “Esto tiene especial impacto para el sector silvoagropecuario, donde la calidad de los suelos es clave para rentabilizar la actividad”, admite Angelo Sartori. “Suelos de estas características, los que en gran parte están en manos de pequeños campesinos, dificultan el generar mayores ingresos derivados de labores agrícolas, pecuarias o forestales”, añade.

En Chile el problema no es menor. Según datos generados el año 2010 por el Centro de Información de Recursos Naturales (Ciren) del Ministerio de Agricultura, alrededor del 49% del territorio nacional presenta algún nivel de erosión y degradación, abarcando aproximadamente 36,8 millones de hectáreas, siendo las regiones más afectadas las de Coquimbo, Valparaíso y del Libertador Bernardo O’Higgins.

Enfoque holístico

Recuperar suelos degradados es un proceso lento y complejo, pero no imposible. Las técnicas más usadas son mantener la cobertura vegetal de la tierra plantando árboles y vegetales; aplicar buenas prácticas en el uso de la tierra que eviten el lavado del suelo o escorrentía, como terrazas, barreras vivas o muros de contención, y practicar con cultivos agrícolas alternados.

La manera más recurrida y eficiente de lograrlo es establecer una cubierta vegetal, de preferencia permanente, mediante el establecimiento de plantaciones forestales que mantienen la calidad de los suelos, evitando que estos se pierdan por escorrentía. Existe consenso en que plantar ha probado ser uno de los instrumentos más adecuados para recuperar suelos degradados porque la cobertura del follaje disminuye notablemente la negativa acción del viento, de la lluvia o de otra causa asociada que limite su productividad. “Bajo este concepto, es totalmente factible revertir el deterioro de los suelos, siendo su nivel de erosión lo que determina el tiempo que se requerirá para obtener los resultados deseados”, argumenta Sartori.

La mayoría de los terrenos desprovistos de bosques poseen aptitud preferentemente forestal, y están afectados por distintos niveles de erosión, dado que carecen de cobertura vegetal que la proteja. “Es precisamente esa superficie la que presenta un gran potencial para ser recuperada mediante el establecimiento de plantaciones, representando un gran desafío, ya que muy posiblemente gran parte de estos suelos no permitan el forestar con especies industriales de rápido crecimiento dada su baja productividad”, explica Sartori, quien agrega que esto, a su vez, representa una oportunidad con respecto a la diversificación de especies. También, dice, ofrece una justificación adicional para establecer esquemas de pagos por servicios ambientales.

En este sentido, uno de los principales mecanismos que se ha impulsado en Chile para revertir el problema es la aplicación del Decreto de Ley N°701 de 1974 y sus posteriores modificaciones, instrumento que incentiva la forestación con especies exóticas y nativas en suelos de Aptitud Preferentemente Forestal (APF) y suelos degradados.

“Paralelamente, se discute a nivel técnico y político un nuevo Proyecto de Ley sobre Fomento Forestal, que reemplace el actual régimen de incentivos del Decreto de Ley N°701 más algunas otras regulaciones, siendo el principal énfasis el brindar beneficios a pequeños y medianos propietarios, y a su vez darle un enfoque más holístico en el sentido de generar un estímulo no solo para producción maderera, sino que también por los denominados servicios ambientales, tales como evitar la degradación de suelos y el avance del desierto”, comenta Sartori.

De contarse con un instrumento de fomento que valorice la forestación en suelos degradados más allá de los atributos netamente económicos, podría generarse un impacto positivo y adicional con respecto a lo que el país viene realizando en materia de control de la erosión y degradación de suelos.

“Solo para tener una noción del impacto de este instrumento de fomento en la protección de los suelos del país, alrededor de 1,5 millones de hectáreas de plantaciones exóticas de rápido crecimiento se han establecido mediante los subsidios que contempla este cuerpo legal, superficie que se encontraría significativamente desmejorada si no contara con la cubierta vegetal que la cubre en la actualidad”, manifiesta el ejecutivo de Conaf.

Aunque lo anterior se trata de una acción significativa desde el punto de vista de protección del recurso suelo, la magnitud del problema evidencia que se requieren estrategias mucho más dinámicas y acordes con las necesidades actuales. Por lo tanto, cobra cada vez mayor relevancia que a todo nivel se valoricen los servicios intangibles que proporcionan los ecosistemas forestales. Esto, porque los bosques producen otros atributos positivos, como la regulación del ciclo hídrico, del clima, la mantención e incremento de la belleza escénica y de la biodiversidad, entre otras bondades.

Revertir la erosión y degradación

Una de las iniciativas más importantes a nivel mundial para evitar la deforestación y, con ello, reducir la degradación de los suelos, es REDD (Reducing Emisions for Deforestation and Degradation), un mecanismo que se está configurando en torno a las negociaciones impulsadas por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) con el propósito de que países en vías de desarrollo establezcan estrategias asociadas para evitar la deforestación, la degradación forestal y aumentar las existencias de carbono, por ejemplo, mediante la gestión sostenible de estos ecosistemas.

“El proceso de degradación y deforestación producen más o menos el 17% del total de emisiones de carbono en el mundo, según las últimas estimaciones”, advierte Hivy Ortiz. Lo anterior se reporta principalmente en países con bosques tropicales y amazónicos, siendo, después del uso de combustibles fósiles, la mayor causa de las emisiones de gases de efecto invernadero atribuibles al cambio climático a nivel mundial.

“Por sí sola, la deforestación contribuye a incrementar las emisiones sin considerar aspectos de degradación, ya que su cuantificación aún no está resuelta. Por lo tanto, REDD+ busca precisamente, mediante estrategias país, aminorar este problema y reducir las emisiones producidas por estas malas prácticas”, sostiene, por su parte, el personero de Conaf.

Agrega que las acciones de REDD y REDD+ deben ser implementadas en los países para mantener los recursos forestales e involucrar a todas las partes en este proceso. Explica que el mercado de carbono es otra iniciativa que puede estar relacionada con REDD y REDD+ basada por las estimaciones de almacenaje de carbono, como inventarios forestales y estimaciones de carbono, monitoreo, informe y verificación, “pero que aún está incierta”.

En el caso de Chile, REDD+ se percibe como una posibilidad desde el punto de vista de aminorar la degradación forestal, siendo el primer país que demuestra interés en desarrollar estrategias de mitigación por este componente del mecanismo y no por deforestación, ya que las estadísticas sectoriales muestran que al menos en los últimos diez años la superficie neta de bosques ha aumentado, lo que se debe mayoritariamente a las plantaciones forestales.

“A priori, Chile espera centrar los esfuerzos y apoyos internacionales que se generen en torno a la estrategia de REDD+ en disminuir el deterioro de los bosques más vulnerables, principalmente en casos de extracción insostenible de leña, o en ecosistemas con fuerte presión de cambio como lo registran, por ejemplo, los bosques mediterráneos”, declara Sartori.

“Desde el punto de vista de la degradación, REDD+ se centra en los bosques con algún grado de deterioro; no obstante, es un hecho cierto que un suelo con una adecuada cobertura vegetal sin duda tiende a estar en mejores condiciones y ser menos propenso a los efectos de la erosión”, expresa el ejecutivo de Conaf.

En este marco, la apuesta está en utilizar inteligentemente en el país lo que promueve este mecanismo, con la finalidad de incrementar la superficie de bosque nativo manejado sustentablemente, ya que si bien el eje central es la captura de carbono, igualmente los ecosistemas forestales cumplen otros positivos roles como, por ejemplo, la recuperación de suelos degradados. “Debe considerarse que las estrategias REDD+ implican no solo monitorear carbono forestal, sino que también otros atributos ambientales asociados a los bosques, donde evidentemente se contempla el recurso suelo”, admite Angelo Sartori.

Sin perjuicio que el mecanismo originalmente se concibió para disminuir los actuales niveles de emisión de gases de efecto de invernadero producto de la deforestación de bosques los amazónicos y tropicales, se ha ampliado para incorporar los bosques templados como los de Chile.

Etapa de ajustes

El Programa REDD+ aún está en proceso de definición de su arquitectura a nivel global. Actualmente, existen de forma paralela dos fondos voluntarios que se centran en apoyar a países en vías de desarrollo: uno de los fondos está liderado por el Banco Mundial, conocido como el Fondo Cooperativo del Carbono Forestal (FCPF), y el otro por Naciones Unidas (ONU REDD).

En ambos casos, se apoya a diversos países de Latinoamérica, África y Asia a avanzar de modo secuencial en tres grandes fases, siendo la primera de alistamiento, donde se contempla un diagnóstico de institucionalidad forestal y ambiental y de aspectos técnicos de los países, proponiéndose a su vez acciones que permitan superar los vacíos detectados. Como segunda etapa se contempla el implementar estas acciones y, finalmente, como tercera fase, el eventual desarrollo de pago por resultados, donde podría contemplarse la transacción de bonos de carbono en mercados afines a este tipo de servicios.

“En términos generales, los países que están preparando REDD+ con estos fondos están aún en la primera fase, esperándose que durante los próximos meses ya algunos de ellos inicie formalmente la etapa de implementación”, asegura Angelo Sartori.

Chile está trabajando para acceder a financiamiento asociado al FCPF del Banco Mundial, para lo cual ha preparado un perfil de proyecto. Actualmente se encuentra en fase de ajustes según recomendaciones técnicas del panel de expertos del fondo y en base a un proceso de difusión y consulta con actores relevantes que se está llevando a cabo en todo el país. La documentación asociada a esta iniciativa está a disposición pública en el sitio web del FCPF, donde cualquier interesado puede remitir sus comentarios al equipo ejecutor, que es responsabilidad de Conaf.

Paralelamente, representantes chilenos participan en calidad de observadores en las iniciativas de apoyo a REDD+ que lidera Naciones Unidas (Programa UN-REDD), básicamente para estar informados de avances de otros países que puedan ser referentes para Chile. De igual modo, en el marco de las negociaciones de REDD+ en el contexto de la CMNUCC participa activamente para que la arquitectura que se defina para este mecanismo sea compatible con la normativa y accionar propio del país.

Por parte de agentes del sector privado, se planea el desarrollo de proyectos piloto con bosques nativos, los que se enmarcan en la nomenclatura REDD+. Esto forma parte de la estrategia nacional que lidera Conaf en base a las lecciones que se puedan generar desde el punto de vista práctico.

Aunque aún no comienza la fase de implementación según la secuencia planteada por el FCPF, aclara Sartori, Chile ha avanzado por canales paralelos en ir definiendo su nivel de referencia de emisiones forestales y cambio del uso del suelo. Ha estableciendo un sistema de monitoreo permanente de carbono forestal en todo el país, “además de una serie de otros elementos del accionar propio del país en materias forestales y ambientales que son totalmente compatibles con REDD+ y que dan el sustento institucional y técnico a esta iniciativa”.
En relación con los desafíos, Sartori puntualiza que ejemplos concretos de ello son mejorar los sistemas de fiscalización mediante adelantos tecnológicos, además de crear programas de acompañamiento a propietarios para que accedan más fácilmente a los beneficios que reportan los instrumentos de fomento forestal vigentes, entre otras iniciativas. De esta manera, se está planificando e implementando una estrategia que le va a permitir al país recuperar los suelos degradados y combatir la erosión.

Fuente /SUSTENTARE en LIGNUM

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