fauna silvestre

«Son imágenes impensadas y nunca vistas en nuestras reservas, de la vida cotidiana de estos animales que, en general, permanecen muy ocultos a la mirada de los extraños», dice Eduardo Katz, jefe de Áreas Silvestres Protegidas de Conaf

Unos pumas jóvenes juegan despreocupadamente en la Reserva Nacional Río Cipreses, cerca de Rancagua; un gato andino probablemente acecha a su presa en Isluga, en el altiplano chileno, y una chinchilla es captada cerca de Copiapó, donde su presencia no estaba descrita.

Ni ellos ni los guanacos en las montañas al norte de Ñuble, o los huemules en Futaleufú, notaron que sus movimientos eran registrados en su estado más puro.

Esas y otras miles sorprendentes imágenes de fauna nativa chilena están entre el valioso registro gráfico captado por unas 100 «cámaras trampa» que la Corporación Nacional Forestal (Conaf) ha instalado en los más de 80 parques y reservas nacionales entre Arica y Magallanes.

«Son imágenes impensadas y nunca vistas en nuestras reservas, de la vida cotidiana de estos animales que, en general, permanecen muy ocultos a la mirada de los extraños», dice Eduardo Katz, jefe de Áreas Silvestres Protegidas de Conaf.

Aunque no son las únicas -porque universidades como la Católica de Chile y Austral, entre otras, también las usan como herramientas en sus investigaciones-, las de Conaf están en el mayor número de sitios en el país. «Permiten detectar especies que en forma normal sería imposible observar», dice el doctor Mauricio Soto, director del Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas de la Universidad Austral, en Valdivia.

Como anécdota cuenta que muy cerca de allí, en la Reserva Costera Valdiviana, se ha observado que a los cinco minutos de que pasa un turista frente a una cámara, aparece un puma, «lo que demuestra que andan mucho más cerca de lo que pensamos, pero no los vemos».

La «cámara trampa» está en una caja camuflada con la naturaleza. Se amarra a un árbol o a una roca con una banda. Resiste temperaturas de hasta -30 °C, aunque en esas condiciones las pilas, recargables, que duran cuatro meses, se agotan antes. Puede durar hasta diez años y cuesta cerca de US$ 150.

La activa un sensor de movimiento (en algunos casos de temperatura) y puede tomar fotos y/o grabar videos, incluso nocturnos. Así, recogen valiosa información imposible de recolectar con medios humanos. «Necesitaríamos gran cantidad de gente recorriendo, con toda la logística, durante largo tiempo», comenta Katz.

Mauricio Soto grafica esta situación con el ejemplo de un cineasta que estuvo tres meses en el altiplano tratando de registrar al esquivo gato andino, «y no pudo». El especialista destaca que las cámaras «son de mucha utilidad para una mejor estimación de la riqueza de las especies de un lugar en particular», aunque también se pueden usar para «hacer determinación de abundancias de una especie determinada».

Cuenta que en Estados Unidos, por ejemplo, son muy usadas para determinar poblaciones de grandes carnívoros, pumas, coyotes, mientras que en otros lados para detectar tigres. Destaca el caso de Bolivia, donde hace alrededor de un año se detectaron jaguares en lugares en que tradicionalmente no estaban, como en la zona del Chaco.

Eduardo Katz señala que Conaf capacitó a guardaparques para el uso de las cámaras, que en este caso tienen la finalidad específica de «ubicar fauna en peligro y poder disponer mejores medidas de protección».

«Nos cambia la estrategia de conservación. Sabemos que hay animales en esos lugares, muchos en peligro de extinción, y nos obliga a poner mucha más fuerza en cuidar, no permitir que entre gente, por ejemplo», agrega.

Recalca el valor educativo de estos hallazgos, que permiten «mostrarlos a las comunidades, motivar a las personas demostrando que en estos bosques, en estas montañas, aunque uno no la vea, hay vida y hay que protegerla».

Para el futuro, Katz dice que hay especies que es necesario seguir detectando, «como el zorro de Darwin, para saber qué pasa entre Valdivia y Chiloé, ¿hasta dónde llega el huemul?, porque creemos que puede haber en Hornopirén».

Fuente/ El Mercurio

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